Bienvenidos

s-l400Cuando te das cuenta que la vida no es todo lo que te han contado. Cuando te das cuenta que la vida es más corta de lo que creías. Cuando te das cuenta que el cielo no es realmente azul. Cuando te das cuenta que una sonrisa también puede ir acompañada de lágrimas y tristeza.

Cuando te das cuenta que no hay nada más grande que el amor y la amistad. Cuando te das cuenta que el dinero te hace más pobre de lo que eres. Cuando te das cuenta que la vida es un regalo maravilloso que no apreciamos y que estamos aquí de prestado. Cuando te das cuenta que por la mirada de una mujer desconocida lo darías todo, por que te enamoró sin hablar.

Cuando te das cuenta que la gente que te quiere está siempre a tu lado, en los momentos más difíciles, y hacen que sean menos amargos. Cuando te despiertas por las mañanas, sintiéndote vivo y con ganas de luchar, a pesar de que te caíste al suelo 1000 veces y cada vez te cuesta más levantarte.

Cuando sabes realmente el significado de la palabra perdón, por que tu lo pediste. Cuando estás harto de odiar y de sentir rencor en tu corazón, por que descubres que lo único que hace es destrozarte el alma. Cuando llegas al punto de paladear cada segundo de tu vida como si fuera el último. Cuando te das cuenta que no es lo mismo querer que ser amado, que la ilusión más grande en tu vida es vivir ilusionado.

Para todos aquellos y aquellas que se dieron cuenta……Bienvenidos.

Algún tormentoso día de febrero de 2008.

Las Punteras de Elisa (VII)

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Severa escupió dos dientes mezclados con sangre y saliva. Al menos eran todavía dientes de leche, así que por lo menos no los perdería definitivamente. Su pequeño cuerpo de 4 años había surcado los cielos, como una de aquellas briznas de algodón que recogía con sus infantiles manos, en el campo. No tenía la menor idea de lo qué había pasado. Lo único que recordaba era el grito encolerizado de su padre, Amancio, y a continuación todo lo demás se tornó negro. Le dolía su mejilla de una manera inusitada, y poco a poco, notaba como se le iba inflamando.

Severa era una niña buena, laboriosa, generosa y pizpireta . Era la única niña, la más pequeña, junto con 5 hermanos varones, y como buena niña rural de la España de posguerra, su madre Margarita, la había instruido en todas las labores domésticas con las que sería una buena esposa y madre. Esa era la mentalidad de la época. Pero el caso de la pequeña Severa era especial. Su madre había sufrido un accidente en el campo, durante una helada, resbaló con aquellas gastadas alpargatas y en la caída, se rompió los dos brazos. Nadie lo vio, nadie lo presenció, pero eso era lo que contaba Margarita a todo el mundo, cuando le preguntaban por lo sucedido. Así Severa se convirtió en los brazos de su madre, y con tan corta edad, pasó a desempeñar todas las labores de la casa, y también los de su madre en la faena del campo. A ello se le sumaba que en su casa, una pequeña choza que lindaba con el cortijo del señorito, sus hermanos y su padre no levantaban el dedo, por lo que la pobre pequeña, tenía que cocinar, hacer camas, planchar, lavar, tender, zurcir.

Esta difícil niñez contrastaba con la maravillosa mente de Severa. Tenía la niña una fantasía desbordante, y para poder huir de su penoso y sufrido presente, su imaginación estaba constantemente inventando aventuras y cuentos. Sus viejos, sucios y mugrientos vestidos, eran preciosos ropajes de terciopelo y tul, con bordados arabescos, y un can can de impresión. Y por supuesto que cada día estrenaba uno nuevo. Sus sandalias rotas y con agujeros, eran zapatos de rojo charol, con lazos fijados con un brillante , la envidia de todas las niñas del pueblo. Pan, agua, sopa de cebolla, eran zumos, frutas, carnes, pescados y deliciosas comidas de las que disfrutaba. Algunas noches no podía comer más, tenía el estómago tan lleno que le iba a reventar. Su muñeca de papel, era la famosa Mariquita Pérez que todas las niñas querían, Con su vestido rojo y lunares blancos, mejillas sonrosadas y trenzas de pelo negro. Su camastro de paja, era una preciosa cama, con colchón blandito y sábanas limpias, cada noche. Y su cruel, alcohólico y agresivo padre, junto con sus hermanos, a cada cual peor, eran los mejores hombres del mundo. Era la preferida de su padre, que le regalaba cariño, bonitas palabras y abrazos diarios, Y sus hermanos la mimaban como la princesita que era. En su imaginación no había posibilidad alguna de palizas, insultos, humillaciones, desprecio, y maltratos.

Su madre Margarita, era la única que aguantaba inmutable, en la imaginación de Severa. Era maravillosa, la quería con locura, y todo valía la pena por ella. Cariñosa, divertida, trabajadora hasta la extenuación, una mujer buena. Además le explicaba todo, cómo coger los huevos de las gallinas del señorito, cómo nacía cada vida, cómo recolectar el algodón sin reventarse las manos, cómo evitar el frío de las mañanas, cómo sembrar cada semilla, Los ciclos de las estaciones, los periodos de luna llena, los animales de la granja y del campo, los beneficios de cada planta, arbusto, rastrojo, flor, alimento. No tenían secretos para ella. Era una sabiduría comunicada de generación en generación, hablada, no escrita, que las mujeres de su familia había transmitido desde siempre.

Y claro está, Severa tenía grandes proyectos para su vida, grandes ilusiones. Quería volar por los cielos como los aviones, ser motorista, conductora de coches, constructora de casas, maestra, médico, escritora, enfermera y doctora, ganadera, y mil cosas más. Viajar alrededor del mundo, y llegar a la luna. Su sed de conocimiento y saber, era sólo comparable con aquella maravillosa y febril imaginación.

Pero por encima de todo, Severa quería ser bailarina, y volar como las aves. En las fiestas del pueblo, siendo ella muy pequeña, un Circo había recalado en los alrededores. La mujer barbuda, un faquir, payasos, equilibristas y muchos artistas, ofrecían un espectáculo increíble. Eso sí, lo que había captado la atención y cautivado el corazón de Severa, eran aquellos bailarines. Se movían, al ritmo de una música cadenciosa e hipnótica, triste, como seres celestiales, como ángeles. Sus pies, sus brazos, aquellas posturas tan perfectamente ejecutadas consiguieron emocionar a Severa, hasta el punto de hacerla llorar, y aplaudió como una descosida, cuando la pareja de bailarines concluyó.

Severa estaba dando de comer a los cerdos en el granero, aquella fatídica noche. ” ¿ Con que quieres bailar no?  ¿Eso es lo que me has dicho esta mañana, verdad, niñata desagradecida? Tus hermanos y yo nos estamos partiendo el lomo para sacar adelante a tu madre y a ti, y tú lo único en lo que piensas es en pajaritos y en tonterías”. Amancio increpó a Severa. El había entrado en el granero sin que ella se percatara. Severa bajó la barbilla contra su pecho. En ese momento recordó lo que había pasado aquella mañana. ” A ti te voy a quitar yo las ganitas de dar saltitos” Amancio cogió de la mano a la pequeña, y la llevó hasta una mecedora que estaba rota y esperaba ser reparada. ” “Siéntate ahí, que te vas a enterar”. Agarró una gruesa soga que se encontraba entre la paja, a pocos metros y ató a Severa al respaldo de la mecedora con fuerza. La niña ni se quejó, pero casi no podía respirar.

” A la inútil y metomentodo de tu madre le tuve que romper los brazos, a ver que se me ocurre contigo”. Amancio cogió una maza de madera enorme, que utilizaba para arreglar los carros de los bueyes y los toneles de vino que el señorito tenía dispuestos en la bodega contigua. Se dispuso frente a ella. Severa tragó saliva con dificultad y miró a la maza. Después miró a los ojos de su padre. Estaban inyectados en un rojo claro, y desde la mecedora, podía oler el tufo asqueroso y anisado que salía de la boca de Amancio Caballero. Prefería mirar a los ojos de su padre, y no a la maza, para provocar algún tipo de sentimiento de misericordia, de compasión. Hubiera dado igual que Severa hubiese fijado la mirada en aquella madera de roble amenazante.

” Ya se dónde bailarina, ya se dónde”. Amancio bajó con todas sus fuerzas la maza que impactó con contundencia en la pierna derecha de Severa. La pequeña emitió un grito horrible, desconsolado, animal, primitivo. Primitivo también eran los gritos de Amancio, que una y otra vez golpeaba con la maza en el mismo lugar.

Al terminar su deshonrosa salvajada, Amancio salió del granero, riendo, jadeando, secándose el sudor de la frente arrugada, dejando inconsciente a Severa. Donde antes había una pierna, quedaba un amasijo de sangre, huesos y colgajos de carne que pendían de la cadera de la pequeña.

 

Oraciones

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Frondosos bucles castaños,
brotan de tu alborotada cabellera,
ojos de luz, sol,que deslumbran al propio mar,
piel prohibida, manto estrellado de lunas llenas.

Tu presencia irradia tanto mi ser, que no me crees,
mi pecho no puede más, explota,
fragancia veraniega que sin oler, galopa,
bombeada por mi corazón,fluye inquieta por mis venas.

Despertando mi pasión con tus labios, con tu cuerpo, con tu sonrisa,
inspirando con ellos mis poemas,
¡ Qué poco tiempo hace ya amada mía,
que contigo, comparto doliente mis penas!

Risas, amor, noches enteras,
Diosa Fortuna, cubre con tu abrazo nuestro camino,
insondable y caprichosa sombra de perla.

Ojalá Venus, de este simple mortal, miserable,
algún día, se enamore ella.

Pues sin tu amar, maldición, yo muero,
pues sin tu amar, me inunda el dolor, vacío, tristeza,
devorando lentamente mis sentidos,
mi espíritu, mi alma,horribles y hambrientas fieras.

Que viven en este mundo inhóspito, mi mundo, real o irreal,
Dios mío ¡qué hago, qué rezo! ¿ a quién pido?
estampas, santos, santas, crucifijo,
si solo vivo por ella.

Las Punteras de Elisa (VI)

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” Venga Marcos, ¿ Cómo le explicarías a un niño pequeño, algo realmente complicado? Piensa.” Gestas se tambaleaba cual malabarista circense, en el taburete del bar ” La Ilustre Víctima” en la calle Correduría 35, de Sevilla. Sus ojos de pupilas dilatadas estaban totalmente perdidos en el espacio de aquel angosto bar, lleno de humo. A pesar de las prohibiciones legales existentes en España, en relación al tabaco en los espacios públicos cerrados, en aquel bar, como en otros lugares en Sevilla, la gente hacía lo que le daba la gana. Así, una veintena de cigarrillos brillaban en la oscuridad de aquel barroco antro, iluminado por velas y candiles, chisporroteando al ritmo de la música jazz.

Marcos, también bajo los efluvios del alcohol, se llevaba torpemente la mano derecha a la cabeza, mientras que la izquierda sujetaba a duras penas, una copa de “Jack Daniels con hielo” y un cigarro de liar. ‘” No tengo ni la menor idea tío, en serio, deja de jugar conmigo y dime a dónde quieres llegar”.

” Es muy sencillo, que te veo cortito está noche. Al niño se lo cuentas en un lenguaje que lo entienda. Tengo una idea, todavía no bien formada, pero creo que tanta metáfora y lenguaje figurado empleado en la Biblia, eran utilizados para hacer comprensible nuestros orígenes, de forma sencilla, al hombre de aquella época. Creo que el origen de nuestro universo, el principio de la vida, el primer hombre, todo viene explicado pormenorizadamente en los textos de la Biblia, con una exactitud pasmosa.”

” ¡Buenoooo esto si que es una verdadera revelación! Creo que los últimos cuatro cubatas te han sentado como dos tiros Gestas. Hombre, desde siempre el alcohol era llamado bebida espirituosa, pero, ¿ Hasta el punto de volver creyente a un recalcitrante ateo? ¡Aleluya! ¡Milagro, milagro!” Marco sintió una intensa nausea al abrir tanto la boca, que estuvo a punto de vomitar.

La gente miraba con sorna al vociferante profeta.

” ¡Jajajaja, eres un cachondo mental. Ni de coña, claro que no! Simplemente que estoy comenzando a contemplar con otros ojos lo que en un principio en mi infancia asumí como un incuestionable dogma de fe en mi colegio de curas, después me rebelé ante ello por ateísmo beligerante, y ahora estoy comenzando a ver, que no todo es creacionismo ni todo evolucionismo.” Marcos abrió los ojos hasta lo que pudo y guardó silencio. ” He visto que te ha afectado lo que te he dicho”, sonrió Gestas. ” Imagina que la realidad científica y empírica eran  tan compleja, tan difícil de asimilar, con tantos conceptos físicos, químicos, astronómicos, cuánticos, que el que dictaba ideó un cuento para niños, para que los hombres de aquella época, lograran entender, pudieran aceptar.”

” ¡ Eh, Eh, Eh! ¿ He escuchado  el que dictaba? ¿Dios?.” Interrumpió Marcos inquisitorial.

” En ningún momento he hablado de Dios, no en los términos judeocristianos. Sólo te digo Marcos, que hay algo que estoy rozando con la yema de los dedos, algo que se reseña constantemente desde el origen de las civilizaciones, de las religiones, desde el ” Conócete a ti mismo”del Templo de Apolo en Delfos, Brahma escondiendo la divinidad del hombre en el interior del ser humano para no sea encontrada, y hasta las palabras de Jesucristo.. ” Yo y el Padre somos Uno”. ¿Y si Jesucristo y Dios compartieran algo, y no es una cuestión de fe o algo figurado? ¿ Y si nosotros por ser hermanos de Jesús compartimos algo que todavía no hemos llegado a descubrir?” ¿ Dónde podríamos encontrar esos vestigios? ¿ Qué es aquello que todos los seres humanos, por el hecho de serlo, compartimos y nos hace sustancialmente iguales en esencia, aunque se den pequeñas diferencias?”

” He perdido el hilo tío, esta noche no te sigo nada mamona. Además allí atrás, hay dos tías que no nos dejan de mirar. Yo creo que esta noche mojamos” Dijo Marcos con el instinto animal en modo cazador.

” El ADN imbécil, compartimos el ADN”.

Relatos Cortos (I): La medalla de Rebeca — Ahora que nadie nos lee

Hace más de 8 años, participé como alumna en el Curso de especialización de “Creación Literaria” de la Universidad de Sevilla impartido por el profesor, músico y escritor José Carlos Carmona. Aquél curso marcó un antes y un después en mi vida y sobre todo, en mi vida “creativa o literaria”, por llamarlo de alguna […]

a través de Relatos Cortos (I): La medalla de Rebeca — Ahora que nadie nos lee

Arena

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Te miro en penumbra,
duermes plácida, tranquila, quieta,
y te miro.

Princesa, caminas grácil en reinos de Morfeo.
Sábanas suaves afortunadas, te abrazan cada noche,
y te miro.

En cada mirada, un pedazo de mi ser, se me va.

Tus deseables labios, dibujan un esbozo, una sonrisa, en dulces sueños.
Ojalá sea yo la causa, ojalá el príncipe azul de tus cuentos,
esa rana que nadie besaba.

Y te miro, tumbada hacia arriba, bucles rizados de fuego,
baila elegante sobre mí.

Te contemplo en tu belleza, ausente de la realidad,
en tu mundo, en nuestro mundo,mirarte me da paz y vida, aplacas este dolor.

Feliz a tu lado, junto a mi, cerca tuyo, malditos pronombres,
compartiendo un paseo, una taza de café, una mirada cómplice, un beso robado.

Feliz te miro, romperé el cristal del reloj, justo ahora, en este preciso segundo.Respiras en calma, sonríes, te doy mi vida en cada mirada, con cada gesto.

Luz blanca dormida, descansa a mi lado que yo te cuido,
yo seré tu guardián, tu guerrero,venderé cara mi espada, protegiendo tu sueño.

Coge mi mano, no la sueltes nunca, no me dejes caer. Una de cal y otra de arena.
¿Qué puedo hacer yo, si contigo sólo soy arena? Písame con tus lindos pies, que seré arena cálida y dulce para ti.

” Después de un invierno malo, una mala primavera, dime por qué estas buscando una lágrima en la arena”, cantaba el poeta.

En esta arena hay lágrimas de amor por ti. Pasea por tu arena, túmbate en ella, descansa.

Y te miro.

No más.

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Estas en mi vida,
como en mi piel,
como en mi corazón,
como en mi alma.

Fuera, incertidumbre,
fuera el miedo,
no más incomprensión,
no más vacío.

Seré tu aliento,
tu sangre, tu alimento.

No más lágrimas negras,
no más rayos, ni lluvia,
en una ciudad llena de cuervos.

Nunca más sola, perdida, sin rumbo.
Coge mi mano, camina paso a paso,
levanta la cabeza, orgullosa de ser tú. Libre de cadenas.

Nunca más arrastrarse sin sentido, siempre bella, siempre alegre.
Siempre pura, siempre honesta, siempre tú.

No más amargados y estúpidos filósofos,
aprendices de nada, desconocedores de todo.

No más brujas pinchando muñecos de trapo, ni fileteando corazones.

Tu y yo, Reina y lacayo. ¡¡ Honor y Gloria, Amor siempre!!

A Alberti

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Necesito ver tu limpia luz alumbrando mis solitarias mañanas,
que la noche ha sido larga, y yo he sudado de amor mis sábanas.

Necesito lavar mi cara con tu manantial de agua clara,
que la noche ha sido larga, y yo he sudado de amor mis sábanas.

Al son de la saeta, entre la muchedumbre, he visto tu divina cara,
y yo sin poder amarte, porque la distancia nos separaba.

Saetero que sangras tu corazón al sol, que a Dios ofreces tu alma,
déjame que con mi vida me muera, que sin ella no puedo vivir,
ni mi corazón está en calma.

Déjame que hoy me funda con ella, que pueda escapar de mi jaula,
que sin su amor y sin sus labios aterciopelados,
ni soy hombre, ni soy nada.

Rugid truenos, llorad nubes, bramar vientos…abriros azules,
que algún día besaré sus labios,
al cantar de una guitarra callada.